Plan B que respeta privilegios partidistas
Escrito en 17 marzo 2026

El Plan B de Sheinbaum, presentado este martes 17 del mes corriente, es un retroceso disfrazado de pragmatismo.
Tras el rechazo del PT y el Verde a la reforma constitucional —que sí atacaba de frente los 200 plurinominales en la cámara de diputados y 32 en el Senado—, la presidenta optó por leyes secundarias: recortar regidurías en municipios, dejar solo una sindicatura y apretar el presupuesto del INE y congresos locales.
El ahorro prometido por Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Gobernación: 4 mil millones de pesos. Suena bien, pero son migajas comparado con lo que realmente molesta a la gente, atomizado en el elector que ya no quiere más fauna partidista que se enquista en las posiciones de representación proporcional.
Una encuesta de Enkoll para El País y W Radio —publicada la semana pasada— dice que el 83 de la ciudadanía quiere la eliminación de esa lotería de plurinominales, donde entran cuates, familiares y dirigentes sin un solo voto directo.
¿Y por qué la presidenta Sheinbaum no toca a esta partidocracia que cogobierna? Porque necesita a esos mismos partidos para gobernar. El PT y el Verde se negaron a perder curules, así que el «Plan B» se queda en lo periférico: cabildos más flacos, menos sueldos en legislaturas estatales, adelgazamiento del Instituto Nacional Electora.
La verdadera máscara de los aliados se evidenció la semana pasada.
No están dispuestos a cederle todo el poder a la presidenta, a costa de su propia sobrevivencia.
En Veracruz el tema de una sola sindicatura ya es derecho positivo en los 212 municipios, pero en estados con más regidores, esto choca directo con el artículo 115 constitucional: autonomía municipal.
¿Quién paga la luz, el agua, la basura si se reducen manos? Los congresos locales también pierden músculo presupuestal, lo que debilita su independencia frente al Ejecutivo federal.
Expertos como Estefanía Ortiz advierten: menos estructura en el INE significa menos casillas, peor capacitación y riesgo de fraude en las elecciones del 2027.
Y lo peor: los partidos siguen con su tajada suculenta, intocada. El INE ya aprobó 7 mil 730 millones de pesos para este año no electoral.
Esta cifra de las prerrogativas que se entregarán a los partidos políticos es casi el doble de lo que pretende ahorrar el Plan B.
Morena, que se queja de privilegios, es el que más se lleva: cerca de 2 mil 700 millones de pesos. Es hipocresía pura o el «hágase señor tu voluntad en los bueyes de mi compadre».
El gobierno esgrime la austeridad, pero preserva el financiamiento que alimenta la partidocracia.
En resumen: el Plan B no es reforma, es contención. Evita confrontar el poder real —los pluris y las prerrogativas— para no romper la alianza.
Los mexicanos queremos menos mafia, menos cuotas y más voto directo. Esto solo maquilla el problema. Si la presidenta Sheinbaum quiere credibilidad, conservar ese 83 por ciento que mexicanos que deseamos una reforma real, que proponga consulta popular para bajar esos siete mil millones de pesos a la voz de ya.
En caso contrario, seguimos votando para que otros decidan por nosotros, con la marea de 200 plurinominales que servirán para el acomodo de dirigentes partidistas, amigos, cuotas, novias y demás relaciones que convergen en el poder legislativo.
… de otro costal.
Cuando el Airbus A320 operado por Interjet aterrizó en el aeropuerto José Martí de La Habana y vomitó a 150 pasajeros sedientos y ansiosos de aventuras, el reportero pensó que era el efecto de la resaca luego de pasar dos horas y media bebiendo escocés y tequila con sus amigos en el vuelo procedente de la Ciudad de México.
Era el verano de 2011.
Las instalaciones tenían —como decía una santera cubana en un podcast que vi posteriormente— la herida de abandono. Todo lucía a media luz.
La sala de llegadas internacionales lucía en casi en penumbras. Era la primera señal del férreo bloqueo que sufría la isla.
Fue una impronta que produjo una tristeza en el grupo de cinco periodistas veracruzanos. Un desasosiego se amarró como un empacho en el estómago del escribano de esta colaboración. La sala internacional del aeropuerto de La Habana era sombría, parecía el ala de un hospital mexicano en medio de la madrugada de la cuarta transformación.
La efervescencia del alcohol se esfumó de nuestras cabezas. Todo se veía en tonos sepia, como una vieja fotografía antes del Technicolor.
Rentamos una vagonetita Hyundai, modelo reciente. Los dos guías, Juan Carlos, a quien le apodamos en el momento Carlitos Brigante, en honor el protagónico protagonizado por Al Pacino en el ahora filme culto «Carlito’s Way» dirigida por Brian De Palma en 1993 y su amigo quienes nos encontraron en el aeropuerto.
La vivencia de los momentos de una realidad cubana donde el modelo comunista se sostenía solo en los larguísimos discursos del comandante Fidel Castro en la televisión pública y en decenas de bardas que compartía con otro Rockstar llamado Ernesto «Che» Guevara, cuya camiseta se vendía como pan caliente en los corredores de la Habana vieja.
Afuera, la realidad era otra.
Las chicas habaneras tenían que hacer fila afuera del Capri, esperando una invitación de un turista para bailar en la pista central del centro nocturno.
Una comilona de langostas en el restaurante de playa Don Cangrejo, ubicado en la 1ra avenida entre calle 16 y 18, Miramar, en la zona de playa en La Habana retrató otro rostro de la cruda realidad cubana.
Los dos guías turísticos y tres jovencitas invitadas al ágape solo atinaban fotografiarse ante el banquete servido. No probaron bocado hasta que los mexicanos les dijeron que la comida era en su honor.
Antes de finalizar la visita, el escribiente quiso desayunar en el mítico Hotel Nacional de Cuba.
Pidió a la mesera unos huevos con tocino y un café negro, en el cuidado extremo de las formas para no causar enojos patrioteros por la ocurrencia de pedir un «café americano».
—Chico, no te entiendo— respondió una mulata de cabello morrudo, negrísimo.
Después de un duelo de miradas indescifrables debido a la petición del comensal, el guía, avispado, terció entre la mesera y el comensal.
—tráele unos huevos bacon, chica— le dijo mi acompañante.
El comensal solo le dio un par de trinchazos al desayuno. Sí, quería huevos con tocino, pero la cruda lo estragaba y solo tuvo ánimos de tomarse el café.
Los huevos, intactos, provocaron una pelea entre la mesera y el guía turístico.
Carlitos se guardó en una servilleta los huevos y los cuatro triángulos tostados de pan de caja.
Cuando la mesera se percató, echó camorra.
— ¡chico, el plato debe retirarse completo, no seas entrometido! — le espetó al guía, quien la ignoró olímpicamente.
Una pelea verbal por unos huevos con tocino.
La muestra final de la tragedia económica de los cubanos se dio cuando nuestro representante de grupo —hoy convertido vocero de alguna dependencia—, juntó el dinero para darle la propina a nuestros dos guías que nos pasearon y cuidaron en nuestra estancia en la isla
Cuando los dos cubanos se repartieron con una equidad de monjes, billete tras billete, moneda tras moneda, lo que les dimos de propina, se echaron a llorar.
—con esto que nos dieron nuestras familias comerán al menos seis meses— dijo Carlitos, el de la voz cantante.
El llanto fue generalizado.
Las noches de mojitos inacabables en La Bodeguita del Medio, en fotos que alimentaron el ego, abajo del retrato de dos barbudos —Ernest Hemingway y Fidel Castro—dándose la mano, eran solo escenografía turística.
Los CUCs —que en ese entonces valían doce pesos mexicanos—gastados en botellas de Havana Club solo eran parapeto para la entrada de divisas.
Ahora, a la distancia, el régimen cubano se desmorona como un polvorón.
Trump dice que puede tomar Cuba, —no ron con mucho hielo y coca cola con cinco gotas de limón, sino la isla— cuando lo desee.
El imperialismo invade la isla sin disparar una sola bala.
Solo matando de hambre al pueblo cubano.
Que desgraciado.
Han transcurrido 15 años, suficientes en sufrimiento para los residentes de la isla que no tienen derecho a disfrutar de su propio país.
Todo es cuestión de tiempo.
La revolución muere de inanición.
FIESTA 94.9 FM